AUTORIDAD, LIDERAZO E INFLUENCIA
Published 14 julio 2006 by Rodrigo | E-mail this post
El Sabado realiza, ya no sé qué versión, de su selección de
Líderes 2006. Por su parte,
Paparazzi incluye, en su última edición, un extenso reportaje sobre
Los Nuevos Influyentes de la sociedad chilena.
Me llama la atención que dos medios se avoquen al mismo tiempos al tema de la influencia y el liderazgo. Y para variar, el tema es cargado de connotaciones en la que presumo intereses ulteriores, antes de clarificar los conceptos que se están usando. Rápidamente se comienza a armar una culebra terminológica que seguramente pasará a aser parte del acervo lingüistico de los iluminados, sin reparar en que se está cometiendo un error semántico.
La
columna de Juan Carlos Eichholz para Paparazzi (siendo él
columnista del Mercurio y ex líder del Sábado) es determinante. Él es director del
Centro de Liderazgo de la UAI, por lo que se entiende al autobombo que se hace de los conceptos.
¿Qué tenían en común
Gandhi y
Hitler? Ambos eran líderes y influyentes. Personas a las que otros reconocían como un jefe u orientador y, por lo tanto, se encontraban en una posición de superioridad sobre quienes los han reconocido en ese status, determinando algunos aspectos de sus vidas. Eichholz yerra cuando pretende convencernos de que ser líder "
es difícil, porque supone no sólo tener seguidores sino, además, llevarlos a hacer aquello que naturalmente no harían, en la creencia de que ese cambio es beneficioso".
Hay tres cosas. Autoridad, liderazgo e influencia. La autoridad es fruto de un cargo o posicionamiento impuesto o autoimpuesto a otros. Punto. El liderazgo puede ser una consecuencia de esa autoridad, ya sea porque se logra a través de ese cargo o por méritos propios mediante los cuales logra sobresalir y asumir una posición dirigente. Una tercera posibilidad es simplemente ser influyente, es decir, mi opinión, mis actos y mi asertividad tiene consecuencias (queridas o no) sobre el resto por las cuales logro determinar el pensamiento o conductas de esos otros.
Eichholz, que vende un diplomado para supuestos líderes, hace un charquican de conceptos atribuyendo connotaciones valóricas que no tiene razón de ser. No todos los líderes apuntan al bien. No todos los influyentes lo hacen con el bien común como norte. Definitivamente no todas las autoridades nos hacen un favor decidiendo nuestro futuro. El asumir posiciones de autoridad, liderazgo o influencia no nos transforma en absoluto en santos ni héroes. Al contrario, imponen una doble responsabilidad, tanto de encaminar a los grupos al bien, o de saber hacerse a un lado cuando no lo hacemos. Pero eso depende de las personas y no de las etiquetas con las que un par de medios unjan a un grupo de elegidos. Por sus actos los conocereís, decía alguien, ¿no?.